Con la idea de crear algo nunca antes visto en el mundo del automovilismo, el artista industrial Joey Ruiter diseñó un vehículo futurista con partes usadas de autos que están fuera de moda.

Después de varios meses de trabajo somos testigos del Consumer, un modelo que llama la atención a primera vista por su forma de caja; no dispone de parabrisas, techo o puertas, pero sí de dos filas de asientos, cinturones de seguridad y espejos.

El extraño automóvil se erige sobre la base mecánica de un Ford Festiva de 1993 y cuenta con un motor Mazda de cuatro cilindros, con 63 caballos de potencia y 100 Nm de torque. Su ligero peso total de 566 kg es resultado del material vegetal que recubre la parte posterior, conocido como Xorel.

El frontal de metal destaca por su brillo de espejo, en el que se sitúan tres luces LED horizontales. En la parte posterior hay una abertura rectangular cubierta por un prisma de malla que esconde una única luz trasera redonda.

El interior, nada fastuoso, está compuesto por el volante y la palanca de cinco cambios; no tiene salpicadero ni un tablero de instrumentos que muestre la velocidad alcanzada. Aunque todo esto no es algo que preocupe al fabricante del Consumer, quien lo considera solo como una obra de arte.

Esta pieza estuvo en exposición y fue una gran atracción en el Petersen Automotive Museum, de Los Ángeles. Será subastado por la empresa Card&Birds, quien iniciará la puja en $7.000 dólares. El próximo dueño se llevará a casa un automóvil completamente funcional, que puede circular tranquilamente por las calles, aunque eso dependerá de la legislación y el humor de cada país y estado.

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